
¿Balanza social? ¿Desigualdad económica? ¿Inestabilidad política? ¿Alguien intenta solucionar los cuestionamientos? Como una frágil masa, como hormigas ensimismadas, como fichas de un parqués, los miembros de lo que nos acostumbramos a llamar sociedad, obedecen a cuanto les place imponer a aquellos que dicen estar en el poder. Mientras, gracias a la naturaleza del tiempo, o a la física, o a la gravedad, o a los giros de la tierra sobre su propio eje, o incluso a la perfección que irradia el poliedro como símbolo de los cuatro elementos: Fuego, aire, tierra, agua; los mismos encargados del poder envejecen y se sumen aún más en esa máquina adictiva que se inventó el hombre para gobernar y para dominar, la sociedad permanece sentada, con los ojos cerrados, dejando simplemente morir las conexiones neuronales, como quien se acostumbra a ver morir miles de margaritas en un verano. Es el inicio del fin; la sabiduría del hombre es sus manos no iguala las infinitas capacidades de la ignorancia con su atrevimiento, es el rito del olvido.

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