
…y del Hijo, y del Espíritu Santo, amén. Así como María Magdalena, o fue María quien lloró frente a su lánguido cadáver, seguimos hoy llorando por Él. ¡Ay mujer, ya es hora de que te quites tu velo negro! ¡Ya no seas ingenua mujer! Cuántos Cristos siguen muriendo a diario, Cristos a quienes nos besarías sus llagas ni limpiarías su sudor. Cristos con hambre y sin corona; Cristos pasados los treinta, y otros que no han llegado a los diez. Cristos con frío, Cristos que buscan dónde dormir. Cristos de piedra y plata, y Cristos para colgar. Cristos para el dije de la cadenita de oro, que tal vez un crucificado de arrebatará.
Adriana Camacho
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